jueves, 4 de agosto de 2011

Reseña del evento en Homenaje a la Revolución Española

A partir de las 5 tarde del pasado lunes 18 de julio, se celebro en el Centro Social Libertario de Bogotá, un conversatorio en homenaje a los 75 años de la Revolución Española. El evento organizado por el colectivo Mecha Libertaria y el Grupo Libertario Vía Libre, conto con la participación de unas 60 personas, que a lo largo de tres horas de charla y discusión, participaron en una dinámica conmemorativa de la experiencia revolucionaria iniciada el 19 de julio de 1936 con la insurrección obrera, campesina y popular. Reunidas para recordar el legado de esta histórica hazaña de los pueblos del Estado Español, poniendo de presente las actuales alternativas sociales que nos plantea y su camino de construcción de poder popular y comunismo libertario. 

Para comprender mejor el contexto y la forma en que se presenta la revolución social en la España de los años 30, Mecha Libertaria y Vía Libre realizan respectivamente dos ponencias: En la primera, se presento a las actoras del conflicto que vivía España en ese momento y se hizo una breve introducción a ese conflicto; en la segunda, se hizo una caracterización de lo que fue la revolución española en medio del contexto de la guerra civil, particularmente en la región de Cataluña donde hubo gran presencia del anarco sindicalismo y las trabajadoras lograron autogestionar la producción social y realizar otras transformaciones sociales que lograron marcar el camino en la construcción del comunismo libertario.
 
El Contexto

La revolución española se presentó dentro de un momento historico bastante conflictivo: una guerra civil que empieza con un intento de golpe de Estado. Tras la elección de Azaña, representante del Frente Popular (alianza de grupos de centro izquierda demócratas, socialistas y comunistas) como presidente español en febrero de 1936, los grupos de derecha sienten latente la amenaza de la revolución social, y unificados por su espíritu reaccionario y anti comunista, empiezan a organizar un golpe de Estado auspiciado desde las fuerzas militares, grupos empresariales, sectores monárquicos y la iglesia católica. El golpe de estado iniciaría con el avance de los ejércitos marroquíes en la zona de Marruecos entonces colonizada por España, seguido por levantamientos de regimientos militares en las principales ciudades del país. Así, el 17 y el 18 de julio de 1936 los militares empiezan a levantarse en contra de la República tomando las colonias marroquíes, una pequeña parte del suroccidente y buena parte del nororiente; dentro del botín, se incluye la toma de la ciudad de Zaragoza, que contaba con gran cantidad de militantes anarquistas, como una de las mayores victorias de ese primer levantamiento. Sin embargo, el putch militar no fue exitoso en todo el territorio: en buena parte del Estado las trabajadoras, principalmente militantes anarquistas, socialistas y comunistas, y algunos sectores leales del ejército se opusieron y lograron resistir, impidiendo que el golpe de estado y la dictadura militar fueran hechos definitivos. Grandes ciudades como Valencia, Barcelona y Madrid lograron resistir al levantamiento militar, y el país se encontró dividido en dos zonas: el territorio controlado por los militares fascistas llamado “nacional”, y el territorio “controlado” por las trabajadoras organizadas y el gobierno burgués llamado “republicano”, en cuya defensa se unirían demócratas, comunistas y anarquistas resistiendo contra la dictadura militar.

Es en ese contexto que inicia la lucha entre diversos sectores sociales, fuerzas y grupos, y que las organizaciones anarquistas, con gran auge en ese entonces, empiezan a forjar y hacer realidad su proyecto de revolución social.



Las fuerzas en conflicto

En resumen, en la contienda existieron cuatro actores sociales fundamentales: Los sectores de derecha representados a partir de 1937 por la Falange Española Tradicionalista, que acogía en su seno a todos los sectores reaccionarios como los monárquicos, la iglesia católica, el estamento militar y los partidos conservadores, que abogaban por un proyecto fascista de Estado corporativista “ni capitalista ni socialista”, que de hecho se auto denominaba como “sindicalista”, y que garantizara ciertos mínimos, a costa de la prohibición de todo disentimiento, en definitiva, una dictadura disfrazada bajo una fachada social. Por otro lado, nos encontramos con los sectores republicanos, que defendían la idea de una democracia liberal burguesa basada en el laissez faire, con matices sociales, y con su llegada al poder con la presidencia de Azaña, intentaron, sin éxito, implantar un programa que se proponía acabar con el monopolio de la educación para la iglesia, hacer la reforma agraria, y dotar a las nacionalidades oprimidas dentro del propio Estado, de autonomía relativa. Entre las filas de los grupos republicanos se encontraban partidos de centro izquierda como el ala moderada del PSOE (Partido Socialista Obrero Español), IR (Izquierda Republicana) y UR (Unión Republicana). 

Avanzando más hacia la izquierda nos encontramos con los diferentes sectores socialistas revolucionarios y comunistas. Estaban compuestos por el PCE (Partido Comunista de España), tradicional facción marxista-leninista que seguía la línea política de la Internacional Comunista, guiada desde Moscú por Stalin. También se encontraba el ala radical del PSOE orientada por Largo Caballero, que controlaba la UGT (Unión General de Trabajadores) buscaba construir una republica de las trabajadoras y deseaba la unificación política con los comunistas. Otro sector protagonista del proceso, fue, en toda España pero particularmente en Cataluña el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), recientemente constituido, de herencia trotskista y socialista de izquierda, que criticaba el autoritarismo y la línea de colaboración de clases del estalinismo. Debido a su defensa de las conquistas revolucionarias y sus críticas hacia la Unión Soviética, el POUM fue denostado por el PCE y los grupos republicanos, y en 1937 fue declarado ilegal por el gobierno de Negrin y perseguido bajo la acusación de “colaborar con el fascismo internacional”.

Por último nos encontramos con los sectores anarquistas. Las anarquistas se encontraban organizadas y representadas principalmente por la anarcosindicalista CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y la FAI (Federación Anarquista ibérica), además de organizaciones como la FIJL (Federación Ibérica de Juventudes Libertarias), la importante organización de mujeres anarco feministas Mujeres Libres y los organismos armados como los Comités de Defensa Confederal. Esta amplia corriente organizada, incluía entre sus principios fundamentales la abolición del sistema de explotación capitalista y del Estado, creando nuevos valores alejados de la codicia y la dominación, basados en la solidaridad, la autogestión social y el apoyo mutuo. Las anarquistas serían protagonistas en la construcción de la revolución social en la España de los años 30, particularmente en regiones como Cataluña y Aragón.



La revolución social en Cataluña

Desde que el levantamiento de los militares es vencido, las trabajadoras organizadas y los grupos libertarios se lanzan a desarrollar un proyecto de revolución social, en medio de la crisis desatada por la guerra y la debilidad del Estado Burgués Republicano. Así, mientras las obreras enlistadas en las milicias antifascistas, de tendencias como demócratas, socialistas, comunistas y anarquistas (estas últimas cuentan entre sus filas con los célebres militantes de “Los Solidarios” Buenaventura Durruti y García Oliver) se oponen valientemente al avance de la dictadura fascista, sus hermanas de clase en la retaguardia empiezan a construir una nueva sociedad. Así la reforma agraria se convierte en realidad: las grandes y pequeñas propiedades se socializan, y se entregan a las organizaciones de campesinas y campesinos para que organicen la producción de alimentos y su distribución; la igualdad empieza también a hacerse realidad cuando las trabajadoras remplazan palabras como “señor” o “don” por las de “compañera” o “camarada”, el pueblo se ve abocada a participar en decisiones sobre su vida, a través de formas asamblearias; la autogestión social se convierte en una realidad práctica, funcional y en expansión en las grandes industrias, los servicios públicos, la distribución de alimento y otras muchas ramas de la vida social, pasan a ser organizadas por las trabajadoras sin necesidad de patrones ni representantes, pues son ellas quienes dan vida al mundo a través de su trabajo. 

Con el paso del tiempo, la guerra se vuelve cada vez mas dura, y los nacionales, apoyados por la Italia fascista y la Alemania nazi toman cada vez mas fuerza, mientras que quienes defienden la república se ven abocados en peleas internas que llevan a que los grupos republicanos y socialistas persigan a los anarquistas y marxistas heterodoxos. De hecho, esto llevó a la agudización de lucha de clases, que desemboco en una guerra civil subterránea al interior mismo del territorio “republicano”, especialmente en Cataluña y otros territorios revolucionarios con fuerte presencia anarquista, entre las mismas fuerzas antifascistas enfrentadas por proyectos sociales, políticos y de clase, llegando esta situación a su climax en los hechos del 3 de mayo del 37. Ante esta situación, las organizaciones libertarias empiezan a ceder ante la presión del gobierno nacional liderado por el ala moderada del PSOE y el PCE, y cometen el error de renunciar a su proyecto de revolución social para defender la república. Así, las colectivizaciones de tierra y de las fábricas, y la democracia directa empiezan retroceder y el proyecto comunista libertario es abortado ante la urgente, aunque incoherente necesidad de salvar a España del Fascismo. Aplastada la revolución, la República Burguesa sucumbirá el 1 de Abril de 1939, ante el poder militar del naciente nacional-catolicismo a la cabeza del dictador Francisco Franco.
Conclusiones

La actividad termina con intervenciones de las asistentes reflexionan sobre temas como los errores y aciertos de la revolución, las diferencias y similitudes entre las condiciones sociales de la España de esos años con las del actual contexto colombiano, la actitud a asumir frente a la Iglesia Católica y la religión en general, la noción de enemigo interno, la participación de las mujeres en las luchas sociales y el proceso revolucionario, el rol de los sindicatos y las trabajadoras organizadas en los procesos de cambio social, así como la importancia de abordar desde una mirada crítica, ni apologética ni condenatoria, las experiencias, prácticas y organizaciones libertarias que ayudaron a edificar el proyecto revolucionario Español.    

Concluimos a nivel general que no debemos conformarnos con recordar con romántica nostalgia los hechos del 36, sino que la mejor manera de honrar a las trabajadoras que lucharon por la libertad y que vieron nacer en España una sociedad nueva y murieron por ella, es la de continuar su camino construyendo desde los problemas y posibilidades de nuestro presente la revolución social y el comunismo libertario.

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