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miércoles, 14 de marzo de 2012

Seminario Militante: Anarquismo y Revolución Ponencia sesión No 2: Kropotkin y Reclus. Evolución y Revolución. / Primer Bloque temático: Reflexiones teóricas. / Martes 13 de Marzo de 2012. / Por José


“No, no es la evolución ese lento y rítmico movimiento que nos enseñan los primeros. No, no es la revolución lo que pretenden pequeños Mazzinis de guardarropía. La evolución es lenta o es rápida según las circunstancias los lugares y los tiempos; la evolución vence todas las resistencias y porque las vence produce las revoluciones, esas revoluciones de las ideas que entrañan algo esencial, y no esas pretendidas revoluciones que sólo conducen a una mayor agravación del cesarismo omnipotente de los gobiernos. La evolución y la revolución son, en fin, una misma cosa y quien de evolucionista se precie, ha de ser necesariamente revolucionario.”-Ricardo Mella. Evolución y Revolución.-

Los científicos ácratas

Piotr Kropotkin (1842-1921) y Elisée Reclus (1830-1905) son dos grandes científicos naturales y pensadores del anarquismo. El primero ruso y el segundo francés compartieron un origen noble, una gran vocación para la exploración geográfica y social de territorios remotos, y una conversión al anarquismo producto de los horrores de la guerra franco prusiana, la experiencia de la Comuna de París en 1871 y la influencia del ala bakuninista de la Internacional en importantes sectores obreros de Francia y Bélgica. Tanto Kropotkin con su teoría del apoyo mutuo como factor fundamental de la evolución, como Reclus, con su geografía humana narrativa, aportaron al conocimiento científico de su época y se convirtieron en hábiles defensores y propagandistas de la teoría de la evolución natural y la selección de las especies de Darwin. Ambos además tuvieron como anarquista un compromiso militante notable, que los llevo al exilio y al ostracismo académico, destacándose por sus aportes a la conceptualización de la sociedad del socialismo anarquista, y sus reflexiones sobre la importancia de la ética y la educación en los procesos de cambio. Ambos fundamentaron además la posición evolucionista dentro del anarquismo, que luego jugaría un importante rol en los movimientos cooperativos, educativos y posteriormente sindicales.   

Evolución-Revolución en Reclus

Para Reclus la evolución es un movimiento infinito, un torbellino sin fin, que abarca todo el universo, y que se extiende desde las grandes constelaciones y galaxias hasta las manifestaciones de la vida terrestre, en un constante proceso de cambio y dentro del cual las Revoluciones, sean espaciales, geográficas o políticas, se suceden por millones en ese ciclo. Este proceso sin embargo no es el de una continuidad lineal, directa y sucesiva, sino una sucesión indirecta, llena de rupturas, revolucionaria. Muchos son los espíritus egoístas, oportunistas o timoratos que separan la evolución y la revolución, dos partes integrales de un mismo movimiento, en una falsa dicotomía entre la evolución progresiva, calma y larga como sinónimo de paz y la revolución abrupta y rápida como sinónimo de guerra, se olvidan que puede haber revoluciones pacíficas y evoluciones violentas que contradecirían esta acepción común.  También en este movimiento, existen procesos de evolución parciales e inmediatos como los avances científicos, las acciones de solidaridad entre desposeídas, la protesta personal frente al Estado, que pese a su mirada estrecha y cerrada, deben ser saludados y animados por las Revolucionarias que cuentan con una concepción ambiciosa y global de lo que ha de ser transformado. Las Revolucionarias pues, buscan todos los progresos artísticos, científicos, políticos y sociales, al mismo tiempo que la emancipación social, siendo la evolución el movimiento que prepara la revolución y la revolución la condición que permite nuevas evoluciones, diferenciándose solo por el grado de oposición que tiene la revolución en el ambiente. Esta relación dialéctica entre Evolución y Revolución la ejemplifica Reclus de una muy bella manera: “(…) la flor no es prolongación de la hoja, (…) El hijo no es continuación del padre o de la madre sino un nuevo ser. (…)Cuando los viejos cuadros, las formas demasiado estrechas de los organismos se tornan insuficientes, la vida se desplaza para realizarse en una nueva formación. Se ha efectuado una revolución.[1]

Sin embargo Reclus es claro en afirmar que las evoluciones no tienen un curso predeterminado y no evolucionan naturalmente hacia el progreso. Todo lo contrario puede haber un cambio que signifique un retroceso, que no haga a avanzar la vida sino la muerte. Esto es bien patente en la historia de las sociedades humanas, que cambian incesantemente en un proceso de auge y caída de civilizaciones en el que no hay linealidad ni progreso, y en donde el factor determinante es interno a la misma estructura social y se refiere a la capacidad de las mayorías de oprimidas de rebelarse contra las clases aristocráticas, allí donde eso no ocurre, para Reclus, la sociedad decae. Ese proceso sin embargo es complejo, y en la historia, algunas actividades pueden avanzar y otras retroceder sin necesaria cohesión. Así también se comporta al ánimo de las multitudes, a veces progresivo otras veces regresivo, que no por eso deja de tener una importante influencia sobre muchos de los buenos proyectos que se pudieron desarrollar en diversas épocas. Aquí el gran geógrafo anarquista, pasa a tratar un problema sumamente actual y sobre el que ha reflexionado con interés la antropología, la perspectiva de colonial y los movimientos sociales con identidades tradicionales: El de las “bondades” y maldades que imponen algunas civilizaciones sobre otras. Pone el caso de la dominación colonial británica sobre la India y la abolición, que él considera positiva, de los sutti, una práctica tradicional brahmánica que condenaba a la viuda a morir incinerada junto con el cadáver de su esposo, en medio de un ejercicio de tutela y opresión del imperialismo ingles sobre el pueblo hindú, que él considera completamente negativo. Al contrario que muchos de sus contemporáneos (entre ellos por ejemplo Marx y Engels que escribían en la década de los 60s del siglo 19 apologías al colonialismo Inglés y Francés, en la India y México respectivamente)  Reclus y en general las anarquistas decimonónicas, fueron sumamente críticas del Imperialismo y el Colonialismo desplegado en nombre del progreso universal, sin renunciar por eso a a la noción ilustrada de progreso.

La complejidad también acompaño las grandes Revoluciones Atlánticas (Estadounidense, Francesa y agregaríamos nosotras Haitiana) del siglo 19, que al mismo tiempo que liberaban a los pueblos del despotismo monárquico y la tutela religiosa, los entregaban a la esclavitud frente a la burguesía y a la dominación más completa y envolvente, y es por esta razón que Reclus habla del doble efecto que han tenido estas y del circulo maldito que esta no han podido aun romper para regocijo de los dominadores. Sin embargo para Reclus la nueva revolución, a diferencia de las anteriores que solo derrocaban de manera instintiva e incompleta a un régimen, debe ser completa y prepararse para derrocar racional y organizadamente la dominación de una clase sobre otra. Para conseguir esto es preciso primero convertir a las multitudes dúctiles y apasionadas, en aglomeraciones de personas conscientes[2].

Para Reclus este movimiento de maduración implica un tránsito desde la rebeldía instintiva hacia la lucha metódica y precisa contra la opresión por medio del cual los pueblos adquieren progresiva conciencia de sí mismos. Esta paulatina toma de conciencia implica un cambio en el significado mismo de la Revolución, que si inicialmente asumió la forma de Revolución de palacio en medio de la pasividad del pueblo, se convirtió luego en la Revolución política que levantaba la lucha de barricadas y la demanda de participación popular en el gobierno como en 1848 en 1871. Sin embargo para completar la Revolución social y establecer la abolición del Estado y la dominación de clase, es preciso primero un movimiento de evolución social que cambie la mente y los corazones de las oprimidas, partiendo de la base de la célula social básica, la persona, y por lo tanto del cambio moral personal, que muchas veces se anticipa al de todo un pueblo[3].

Esta reflexión, sin embargo, llega demasiado lejos en Reclus y conduce al libertario francés a un callejón sin salida: Estas personas transformadas se convierten en las mejores, en un polo de permanente progreso que siempre se abatiría contra el polo aristocrático y conservador de los privilegiados. La Historia pierde si seguimos este último elemento, su carácter complejo, colectivo y revolucionario, y pasa a ser así un teatro en el que los grandes hombres progresistas y reaccionarios combaten, mientras una mayoría silenciosa mira pasiva la escena. Esta concepción individualista, presente también en algunos apartes de la obra de Kropotkin, puede deberse más a un intento anacrónico de convertir artificialmente al anarquismo a la grandes personalidades rebeldes de la historia, que a una tesis que controvierta el sentido profundo de la obra de estos dos pensadores. Finalmente Reclus, vuelve a su concepto de Evolución-Revolución, sosteniendo la necesidad de integrar el ideal de comprensión del evolucionismo con el fin emancipatorio de la Revolución. Partiendo de los reclamos y necesidades más sentidas de la población, del grito por el derecho a la vida que sale de las gargantas de las trabajadoras, debe desarrollarse un proceso que termine con la separación de la humanidad entre oprimidas y opresores, y por lo tanto con el hambre producto de la economía irracional del Capitalismo. 


[1] Eliseo Reclus. Evolución, Revolución y Anarquismo. En Biblioteca Virtual Antorcha. Primera parte. Link: http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/politica/reclus/1.html Consultado 13/03/2012
[2] Eliseo Reclus. Evolución, Revolución y Anarquismo. En Biblioteca Virtual Antorcha. Segunda parte. Link: http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/politica/reclus/1.html Consultado 13/03/2012
[3] Eliseo Reclus. Evolución, Revolución y Anarquismo. En Biblioteca Virtual Antorcha. Tercera parte. Link: http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/politica/reclus/1.html Consultado 13/03/2012

domingo, 18 de diciembre de 2011

Seminario militante: Anarquismo en Colombia / Sexto bloque temático: Miradas libertarias sobre problemas Colombianos / Sesión No 18 del viernes 16 de diciembre de 2011. / Tres reflexiones sobre el anarquismo su filosofía y su lenguaje / Por José


1. El Anarquismo como lo planteara la conferencia anarquista americana de 1957, es una filosofía de la acción transformadora. Con Prudhon como pensador de transición, el anarquismo hallo sus primeras formulaciones como corriente heredera de la tradición materialista que rescataba el papel de la asociación y la libertad personal en el devenir social; con Bakunin esta materialidad hayo una dimensión histórica donde la economía y la cultura como fenómenos sociales, jugaban un papel central; con Malatesta la propuesta ácrata profundiza su dimensión ética e incorpora la voluntad consciente como un elemento central a la hora del análisis y con Makhno  la acracia paso a fundamentarse en la acción colectiva de la clase trabajadora y otros sectores sociales en lucha, que elaboran y sistematizan su propia experiencia viva.  Alejándose tanto del idealismo metafísico de los viejos regímenes teocráticos, como del materialismo mecanicista de las revoluciones burguesas, el anarquismo emerge como un nuevo materialismo fundamentado en la acción y la voluntad humana, en donde interactúan en su complejidad las dimensiones sociales, culturales e históricas. Se construye así una nueva corriente que integra posiciones de teoría filosófica y prácticas políticas, como una filosofía de la praxis surgida de las trabajadoras.

2. Esta filosofía de la praxis, debe ser capaz de aprender de todas las experiencias vivas de las trabajadoras y otros sectores oprimidos,  pues a estas debe su concepción, origen y justificación política, como lo señala José Antonio Gutiérrez. Esto debe hacerse en medio de un trabajo permanente de actualización y contextualización, un trabajo de síntesis libertaria, como lo llamaran las militantes de la Federación Anarquista Uruguaya en los 60s, que permita a esta filosofía de la acción al mismo tiempo mantener su identidad constitutiva y renovar sus contenidos  que le permiten enraizarse en un contexto social concreto y especifico. Ni la lucha por la libertad social la invento Bakunin, ni los proyectos de igualdad en la diversidad fueron creados por la Alianza Internacional de la Democracia Socialista, ni la acción directa es una receta mágica salida de Dios y el Estado, pero todo estas fuerzas fueron aprendidas, recogidos, sistematizados y desarrollados por estas actrices sociales. Ni la huelga general, ni la organización social de base, ni las comunas, ni los consejos obreros, fueron invención genial de un puñado de anarquistas iluminadas, sino mas bien fueron experiencias nacidas de la lucha de clases y las luchas de otros sectores oprimidos, que fueron analizadas y asimiladas por el anarquismo como corriente. Aunque siempre demostró una especial sensibilidad por comprender y combatir la multitud de expresiones que oprimen la vida humana, el Anarquismo aprendió y aprende con humildad del feminismo y sus luchas contra el patriarcado y el sistema sexo genero, del antirracismo y sus luchas contra la dominación blanca y por la interculturalidad y de otros muchos proyectos de liberación de campos y sectores como el nacional, el lgtbi, el animal o el de la tierra.

3. La síntesis libertaria se da en medio de la constante tensión que genera el intercambio con las corrientes intelectuales y el resto del mundo social y así como las transformaciones que en él se experimentan. Como lo muestra Josep Peirtas en el anarquismo clásico el cambio de la noción de colectivismo por la de comunismo fue muy dura y estuvo acompañada de tensiones. Lo mismo ocurrió a principios de siglo con la conceptualización alrededor de los sindicatos y  en los años 30 cuando volvieron a surgir y consolidarse organizaciones anarquistas específicas que empezaron a utilizar el término política para referirse a sus acciones. A partir de los 60s, cuando el termino autogestión empezó a relucir en el debate cultural algunos sectores del anarquismo sostuvieron que este concepto guardaba un gran peligroso por su origen corporativista. Hoy el Anarquismo es comunista, sindicalista, político y  autogestionario.

Seminario Militante: Anarquismo en Colombia / Decimosexta sesión viernes 9 de diciembre / Sexto Bloque: Miradas libertarias sobre problemas colombianos / Cultura, contracultura y alternativas culturales / Por: Colectivo Libertario Trash Iria

Alternativas Culturales dentro del anarquismo en Colombia, antecedentes generales

Dentro del pensamiento libertario en Colombia, las alternativas culturales han estado ligadas a luchas sociales y populares en las cuales el anarquismo ha tenido fuerte presencia. Para no extendernos mucho, mencionamos por encima algunos apuntes sobre la relación anarquismo-cultura en Colombia (temas que ya han sido tratados en otras sesiones del presente seminario), tales como la importante influencia de grupos educativos ligados con las  luchas anarcosindicalistas en los años 20´s, en las casas del pueblo, donde se difundió artes “liberales” y alternativas culturales proletarias; también es importante destacar la conformación de pequeños grupos de puesta en escena dentro de la corriente libertaria de los años 1925-29. 

El anarquismo -el anarcosindicalismo- fueron reprimidos abruptamente para inicios de los años 30, y a su vez, la cultura alternativa tomaría dos caminos: optar por sumarse (al igual que varios compañeros libertarios) a la creciente ola del Partido Socialista Revolucionario –PSR-, o quedar en el olvido. Las alternativas culturales, al igual que el anarquismo mismo, son redescubiertas en la lucha de finales de la década de los 60’s y principios de los 70’s, la influencia del movimiento hippie, el mayo del 68 y la revolución cultural propiciada por la generación beat llegarían a Colombia. Si bien no hay un registro “oficial”, creemos que el anarquismo en sí, también se redescubre en Colombia desde esta nueva onda contracultural. Aun hoy en día, la contracultura como alternativa cultural sigue siendo muy importante dentro del movimiento social y popular, a su vez, dentro del pensamiento libertario en Colombia. También existen actualmente grupos libertarios de teatro, títeres, artes gráficas, escénicas, etc. aunque algunas veces estos grupos se reivindican a sí mismo como parte de la contracultura y otras veces no.

Contracultura Libertaria en Colombia, antecedentes históricos

La contracultura en Colombia, como bien hemos explicado, tiene sus antecedentes para las décadas de los 60’s y 70’s. En esta época, varios/as compañeros/as pertenecientes a este movimiento nuevo, se involucran en procesos revolucionarios marxistas, o en su defecto no se terminan organizando; pero es de recalcar, que un pensamiento anarquista contracultural organizado no tiene un registro. 

Es para finales de los años 80’s, cuando una importante influencia libertaria hace cabida dentro de la escena contracultural, especialmente en la escena punk de ciudades como Medellín y Cali. La película Rodrigo D, No Futuro influiría en la juventud contracultural y marcaría el inicio de una nueva generación dentro del punk, que si bien a veces no era estrictamente anarquista, si aporto a posteriores generaciones del movimiento libertario en Colombia. Bandas como IRA, Nadie, Mutantex, Fértil Miseria, Descomulgados, GP y Pestes se encuentran dentro de la generación 80-90’s. Generalmente, y con sus excepciones, esta escena no trasciende en organización y mucho menos en militancia libertaria. Es de recalcar también, que para los años 80’s y 90’s, las diferencias (que muchas veces no pasaban más allá de lo personal) entre varias escenas, especialmente la metalera y la punk, crearía distancias y debilitaría la contracultura en Colombia, mostrándose al público en general como una alternativa cultural poco valida (compañeros/as que terminan asesinando a miembros de otras movidas, suicidios, relación con grupos delincuentes, etc.)

Para mediados y finales del años 90’s, también aparece una escena Hardcore, proveniente principalmente de Estados Unidos. Esta escena, si bien no era completamente anarquista, llegaría con fuerte presencia ácrata a Colombia. Producto del crecimiento de esta nueva escena, y de una cultura punk mucho más libertaria, a principios del presente siglo se crea la Coordinadora Libertaria Banderas Negras, en la cual militarían varios/as compañeros/as hardcore, punk’s, hippies, etc. Para esta nueva generación contracultural libertaria, se organizarían eventos como el I Congreso Anarcopunk en el año 2002.

Tras la disolución de la CLBN, varios compañeros/as, especialmente dentro de la escena Hardcore y junto a otras organizaciones se conformarían diferentes formaciones. También varias organizaciones y personas ligadas con la cultura metalera se han organizado desde unos años para acá, especialmente desde el PDA y la lucha antifascista, pero el único precedente de organización libertaria en Colombia relacionada con el Metal es Thrash Iria (si bien, no se agrupa en torno a exclusivamente este género musical), reconociendo también el metal como actor contracultural actual. Hoy en día también continúan en la escena contracultural personas, agrupaciones y colectivos libertarios/anarquistas. En la actualidad, y desde finales de la década pasada, varios/as compañeros/as se reivindican la contracultura no solo desde lo estético y lo musical, sino también desde las artes graficas (Graffiti, caricatura social, etc.), escénicas, géneros como el Hip-Hop (donde la expresión libertaria ha crecido con fuerza), etc.

Aciertos de la Contracultura en Colombia

Reconocemos que la contracultura en Colombia ha tenido sus aciertos y sus errores. Esta ha aportado también mucho al pensamiento, la construcción y la organización dentro del movimiento libertario en nuestro país. Esta, ha “iniciado” –por decirlo en alguna manera- a varios/as compañeros en el anarquismo, aun hoy en día lo sigue haciendo, ha sido para muchas/os de nosotras/as una “puerta de entrada” hacia el movimiento libertario. También, por medio de la contracultura ha llegado a nuestro país agregados a la lucha libertaria, especialmente desde bandas extrajeras que influyen en la escena contracultural colombiana. En este orden de ideas, el animalismo, el pensamiento Straight Edge, el ecologismo, el DIY, el altermundismo, etc. han llegado a estas tierras por medio de la contracultura (aunque no exclusivamente en todos los casos).

Creemos importante el aporte de la contracultura en la juventud, esta como sector social, es golpeada constantemente por la políticas neoliberales del gobierno, y es aquí, donde las alternativas culturales se han insertado, y han propagado el pensamiento político ácrata. De esta misma manera, se puede asegurar que la contracultura (libertaria o no) en Colombia ha politizado gran parte de la juventud. Esto a su vez, ayuda a visibilizar la cultura urbana, los estilos de vida contraculturales, las luchas sociales y el pensamiento libertario a un nivel en la sociedad que consideramos necesario.

Desaciertos y errores de la Contracultura en Colombia

Si bien es necesario rescatar todos los aportes de la contracultura al anarquismo en específico y a las luchas populares en general, también reconocemos que existen unos desaciertos, muchas veces ligados al pasado pero que ha sido difícil rectificar, y otras veces, errores que se siguen cometiendo, y que, creemos, no aportan a la lucha libertaria.  Si bien, en un principio la contracultura no era necesariamente libertaria, si se adjudicó una estética ligada a lo anarquista (símbolos ácratas, discurso antiparlamentario, etc.) sin alguna razón más allá de poseer una “estética”. Esto, por su naturaleza contradictoria, creo distancia entre “generaciones” de compañeras/as. En este “rompimiento” de generaciones, donde la contracultura aun no poseía rasgos de organización, tendió a ser lo que comúnmente se conoce como “podrida” (compañeros/as que resultan en el crimen organizado, en homicidios, suicidios, muertes por sobredosis, etc.), si bien reconocemos que esa imagen se puede y se está cambiando, es algo que hace que el pueblo en general tienda a rechazar la contracultura, y relacione su parte negativa con el anarquismo. 

Como filosofía, las primeras generaciones de la contracultura en Colombia, en términos generales –más no absolutos- toman como estilo de vida el pensamiento punk comercial europeo, identificándose con el “No future” (Sin Futuro) y optando como estilo de vida la autodestrucción, el frenetismo y la decadencia. Estas actitudes, hacen que ayer y hoy, el anarquismo en Colombia –al igual que en muchas partes del mundo- se identifique entre el pueblo en general con la cara autodestructiva de la contracultura, añadiéndole también el ataque mediático de la desinformación, la manipulación y los medios de comunicación masivos que explotan esta imagen y la convierten como la “visión oficial” de la contracultura. Otro error, que se cometió en las primeras generaciones contraculturales y que hoy en día sigue, es el hecho de que la contracultura no se traduce directamente en organización, si no que tiende a convertirse en la labor –importante, pero no suficiente- de difusión y propaganda. Es también necesario anotar que varias veces la contracultura termina comercializándose.

Propuesta de Thrash Iria frente a la contracultura 

Reconociendo los aciertos y errores de la contracultura en Colombia, la posición que nosotros/as manejamos es de fortalecer la parte positiva, corregir la negativa y posicionar a la contracultura dentro del anarquismo como un actor importante. Entendemos que la contracultura, que para aportar, de manera efectiva política y socialmente hablando, a la lucha libertaria debe ser una contracultura organizada, militante y conectada con el pueblo y sus luchas. También sostenemos que una contracultura que fomente una lucha anticapitalista, debe poner en práctica el anticapitalismo, entendiendo: la autogestión como método alternativo de administración y difusión, el fomento de estilos de vida concordantes con el pensamiento político, etc.

La contracultura en Colombia, a diferencia de otros lugares del mundo, ha estado marcada por divisiones internas entre escenas, esto termina traduciéndose en sectarismo, frente a esto, creemos que la contracultura debe ser anti-sectaria, amplia y que niegue a la estética como factor “indicativo” del/la sujeto/a contracultural. También optamos por negar la autodestrucción como filosofía cultural, y rescatamos su cara opuesta –la construcción de la organización y la destrucción de la opresión-, y rescatamos la resistencia sin drogas, el Straight Edge, etc. como medios revolucionarios, si bien no creemos que sea necesaria la abstención total.

Finalmente, sostenemos que una contracultura desconectada con el pueblo y sus luchas, no aporta nada, en este orden de ideas, la contracultura debe conectarse con la lucha de clases, la emancipación del proletariado, el feminismo revolucionario, la construcción de alternativas horizontales de orden social, etc. Por esto, creemos conveniente negar la contracultura como un mundo aparte de la sociedad, por el contrario, la contracultura de mano con la cultura popular –y revolucionario- debe estar dirigida al pueblo en general, y no a grupos específicos (punk’s, metaleros, etc.). Una cultura para la revolución, y una revolución para la cultura.

Seminario Militante: Anarquismo en Colombia / Decimosexta sesión viernes 9 de diciembre / Sexto Bloque: Miradas libertarias sobre problemas colombianos / El conflicto social, político y armado / por: Rafael


Una mirada libertaria al conflicto social, político y armado que ha vivido el pueblo colombiano, exige buscar la socio-génesis del problema y las reflexiones de diversos autores, unos familiarizados con el ideal anarquista y otros ajenos al mismo. De esta manera se analizará las causas, efectos y problemas de una guerra sanguinaria perpetrada y sostenida por la burguesía colombiana contra las masas hambrientas por más de 60 años. No obstante se revaluará el anterior concepto y se propondrá la tesis de que el conflicto socio-político no empezó el 9 de Abril de 1948, cuando Jorge Eliecer Gaitán es asesinado por las manos oscuras del gobierno, sino desde la misma creación de la Republica y su modelo republicano liberal de convivencia ciudadana, siguiendo las reflexiones de Alfredo Gómez Muller[1]. De igual manera se observará que el conflicto armado y sus resistencias han estado latentes, antes y después de la mal llamada independencia de 1810.

Es necesario resaltar que el conflicto social, político y armado niega toda posibilidad de libertad del individuo y perpetúa el poder del Estado, las clases dominantes y las leyes. Asimismo, el conflicto social, político y armado aumenta la desigualdad social, favoreciendo el dominio de las clases dominantes (multinacionales nacionales e internacionales, terratenientes, bancos, familias industriales y financieras) sobre las clases oprimidas (campesinos, indígenas, obreros asalariados, obreros tercerizados, desempleados); promueve el terrorismo de estado contra todo aquel que piense diferente a la ideología burguesa de explotación; incrementa el índice de desplazamiento rural hacia las grandes urbes; fomenta el paramilitarismo para contrarrestar las justas luchas del pueblo (luchas sindicales, estudiantiles, indígenas, campesinas); intensifica el problema del narcotráfico; multiplica el presupuesto militar mientras reduce el presupuesto educativo; beneficia al capitalismo nacional y extranjero mientras perjudica al campesinado colombiano; perpetúa en el poder a la oligarquía colombiana, representada en los dos partidos tradicionales; favorece la explotación de millones de personas con salarios de hambre; agudiza la violación de derechos humanos del estado, el ejército, las multinacionales y los paramilitares contra la población rural y urbana; y provoca el saqueo de los recursos naturales y la destrucción del medio ambiente por parte del estado y las multinacionales.   
   
Conflicto socio-político. Socio-génesis de un país en “crisis”.

El modelo de república liberal colombiano, fue fundado sobre las bases de libertad, igualdad y fraternidad. No obstante, lo anterior nunca fue realizado por las elites criollas, que se acogieron a la matriz ideológica racista de “superioridad del hombre “blanco” sobre el indígena, el negro y, en general, el hombre de cultura no europea”[2]. Asimismo, “nunca ha existido efectivamente en Colombia ciudadanía universal, esto es, convivencia entre ciudadanos en tanto que sujetos de derechos y deberes, libres, iguales y responsables”[3] ya que Colombia no ha superado la dia-vivencia[4] en la cual fue construida, para llegar a la anhelada con-vivencia[5], que ayudaría a construir una sociedad justa, igualitaria y con derechos.

Conflicto armado. Antes y después de 1810.

Poco antes de la “independencia”, Colombia había vivido un gran proceso de lucha popular y armada contra la corona española. El movimiento insurreccional de los comuneros de 1781, fue un movimiento social de protesta contra las autoridades coloniales,  para obtener “la supresión de los impuestos y un mejoramiento social y económico”[6]. Este movimiento granadino de lucha popular reunió más de 20.000 hombres, “la mitad de ellos indígenas, armados de machetes, macanas, picas y demás herramientas del campo”[7].

En el siglo XIX, después de la “independencia”, hubo 52 guerras civiles, “que de manera inequívoca están mostrando la precariedad en la formación del Estado-nación”[8]. Muchas de estas guerras civiles, enfrentaron a conservadores y liberales, en su lucha fanática y apasionada por el poder. Tal parece ser que la corona y el clero español, sembraron en la oligarquía colombiana la sed de poder, que ha desangrado el país durante los últimos dos siglos. Durante las primeras décadas del siglo XX aparecieron las primeras organizaciones campesinas en dos centros de agitación rural: en las plantaciones bananeras de Santa Marta y en las plantaciones de café del Valle Bajo del río Bogotá, en donde se formaron sindicatos con tendencias anarcosindicalistas. Las anteriores organizaciones estallaron en las huelgas de 1918 y 1925, estremeciendo al gobierno y a la elite colombiana.

Mostrando su dependencia de los Estados Unidos “los gobiernos conservadores reprimieron de manera brutal las protestas de los trabajadores de los enclaves imperialistas”[9]. Son celebres las masacres de que fueron víctimas los obreros petroleros de la Tropical Oil Company[10] y los trabajadores bananeros de la United Fruit Company en 1928. Esta última, costó la vida de más de 3.000 obreros. En los años comprendidos entre 1914 y 1918, se presentaron las agitaciones de los grupos indígenas del Cauca, en cabeza de Manuel Quintín Lame, contra “la expropiación permanente de las tierras de parcialidad por parte de los colonos, hacendados y empresarios rurales expansionistas y contra la condición humillante de semiesclavitud  en que vivían los indios terrasqueros”[11]

El asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán y el inicio de la lucha armada campesina.

El inicio de la “interminable impunidad estatal-junto desde luego a la impunidad de las clases dominantes-“[12] al decir del profesor Renán Vega, inicio el 9 de Abril de 1948, con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán por parte de la oligarquía colombiana en alianza con el imperialismo norteamericano. Este hecho provocó la “salvaje carnicería de los conservadores contra el pueblo liberal y contra el campesinado, que terminó con unos 300.000 masacrados, fue un período[13] de enorme crecimiento económico y prosperidad para la oligarquía colombiana”[14]. Al mismo tiempo se fueron formando y organizando las guerrillas campesinas de los llanos y grupos de resistencia en el Tolima, Caldas, Valle, Boyacá, Cundinamarca y los Santanderes.                                                          Las clases dominantes con ayuda de los Estados Unidos[15], implementaron y promocionaron grupos paramilitares, para contrarrestar la insurrección popular. Así, surgieron los paramilitares llamados “pájaros”, que actuaban junto a la policía estatal, bautizada como “chulavita”. 

Este periodo fue llamado por el sociólogo Orlando Fals Borda, siguiendo las etapas del conflicto[16], como conflicto pleno o de aniquilación. “Así se conformaron en gran escala actitudes y actos individuales y grupales de agresión, oposición y destrucción como el odio, la venganza, los celos, la intimidación, el robo, el incendio y el homicidio, muchos justificados o excusados por el Estado, los partidos o grupos dirigentes, por lo que algunos observadores llamaron a tal proceso “la crisis moral del país”.[17]

Además del acontecimiento anterior, numerosos estudios apuntan a que “la cuestión agraria, y en particular, el problema de la tierra, junto a la exclusión política, el manejo represivo de los problemas sociales, y la concentración de la riqueza en pocas manos”[18] fueron los factores principales que originaron el actual conflicto.

Aumento y prolongación de la guerra sucia y el conflicto armado. El narcotráfico y sus efectos para el pueblo colombiano.

Durante las décadas del 60, 70 y 80, se consolidó el movimiento guerrillero. No obstante aparece otro protagonista en el conflicto: el narcotráfico, y como más tarde lo denominaría el profesor Darío Betancourt el narco-paramilitarismo. La fuente y columna vertebral del narcotráfico es la mafia, definida por el profesor Betancourt como “aquel crimen organizado que obtiene ganancias y beneficios y pretende alcanzar la inmunidad jurídica mediante la aplicación sistemática del terror, la corrupción y el soborno”[19] Para “combatir” el narcotráfico, el estado permitió la intervención de la DEA en el conflicto; desde su entrada a Colombia en la década del ochenta, la DEA se alió con las fuerzas armadas, el paramilitarismo, los traficantes en algunos casos, el sicariato y la oligarquía colombiana para mantener y prolongar el problema de las drogas, aniquilando a todo aquel que se interponía en su interminable búsqueda de acumulación de capital.

Pero la intromisión de la DEA en el conflicto, no hizo ningún daño a los capos, sino que los fortaleció. Así, mientras el pueblo se estaba agonizando de hambre y vivía en la absoluta miseria, los narcotraficantes y grandes capos, especialmente Rodríguez Gacha “El mexicano” en los 80´s y Pablo Escobar “El patrón” en los 90´s, eran los hombres más ricos del país, y en el caso de “El patrón” el hombre más rico del mundo.  De esta manera,  el narcotráfico en alianza con el paramilitarismo y el sicariato, desangró el país y contribuyó a empeorar y afianzar la lucha de clases. No obstante aclarando que el narcotráfico, como dice el sociólogo colombiano Alfredo Molano, “no es el origen de nuestros males sino una de sus expresiones más dramáticas.”[20] Asimismo el narcotráfico “esconde una realidad, una intencionalidad política, económica y cultural imperialista y pro-norteamericana”[21], entendiendo que las drogas como las materias primas, se producen en Colombia pero se consumen en el exterior, especialmente, en el corazón del imperio. El surgimiento del narcotráfico estuvo íntimamente ligado con “la crisis económica y social de las élites regionales, hecho que además de facilitar su ascenso contribuyó, al agudizarse las contradicciones sociales locales (violencia, desempleo, etc.), al reclutamiento de guarda-espaldas, testaferros y sicarios”[22], mostrando la debilidad del estado y la sed de dinero de las clases dominantes.

Otro punto fundamental en el desarrollo del narcotráfico, fue el contrabando de los 70´s, hijo de la corrupción; el contrabando exportaba ilegalmente las drogas, con ayuda de la fuerza pública, políticos y capitalistas, mediante la extorsión, la “tajada” y la “propina”. Por el contrario, la miseria aumentó la incorporación del lumpen-proletariado al sicariato. Ellos asesinaban y cobraban dinero a políticos, periodistas, sindicalistas, estudiantes y campesinos. Medellín, fue el centro del sicariato en Colombia. En esta ciudad los jóvenes con problemas de dinero, especialmente, punks y metaleros, entraron a formar parte de grupos de sicariato. Todo lo anterior benefició y enriqueció a las clases dominantes, que siguieron el patrón de acumulación capitalista, que se vino imponiendo desde las primeras décadas del siglo XX. 

Asesinatos, genocidios, masacres y holocaustos. Crecimiento voraz del conflicto social, armado y político en la década del 80.

El asesinato de líderes estudiantiles y sindicales, políticos, profesores, intelectuales, campesinos, indígenas y celebridades colombianas; las masacres de campesinos e indígenas; los secuestros; las tomas armadas de pueblos y veredas; las extorsiones a campesinos, comerciantes y terratenientes; el genocidio brutal contra los miembros del partido político de La Unión Patriótica; el holocausto del palacio de justicia, producido por la oligarquía colombiana y el posterior desaparecimiento de sus trabajadores; los carros bombas; y la consolidación del paramilitarismo.

Destrucción, caos y odio, fueron sembrados en Colombia durante los 80´s, una de las décadas más violentas que le ha tocado sufrir al pueblo colombiano y que ha prolongado el conflicto social, político y armado. “Como parte de esa lógica del terror, en Colombia se planificó y ejecutó el genocidio político de una organización de izquierda, la Unión Patriótica, que fue aniquilada en las décadas de 1980 y 1990, con el asesinato de 5000 de sus militantes, incluyendo senadores, concejales y alcaldes.”[23] No obstante, la izquierda no fue aniquilada y hoy en día, sigue habiendo una clara oposición al gobierno, en cabeza del Polo Democrático Alternativo.

La drogas. Un pretexto para la intromisión y afianzamiento del imperialismo estadounidense.
Plan Colombia (Ecocidio, impunidad y poder a las multinacionales)

El plan Colombia ha sido el pretexto de los Estados Unidos, para controlar la región y para seguir su lucha anticomunista en Colombia. De esta manera, el plan fue concebido con un doble propósito estratégico: “como un proyecto contrainsurgente encaminado a fortalecer el aparato bélico del Estado colombiano, el cual había recibido duros golpes militares de la guerrilla; y controlar la región amazónica, una zona geopolítica esencial para los Estados Unidos”[24] El plan Colombia ha costado hasta el 2008, 66.126 millones de dólares; ha incrementado los efectivos de las fuerzas armadas colombianas a 210.000 miembros; ha servido como “excusa” para el apoyo colombiano a Estados Unidos, en su invasión y saqueo de otros países, como el apoyo militar a Irak en 2003; ha sido diseñado para “consolidar un modelo de acumulación hegemónica del capital financiero y de las transnacionales”[25]; ha agudizado la violación de Derechos Humanos por parte de las multinacionales, que han asesinado numerosos líderes sindicales; y ha ocasionado un ecocidio de enormes magnitudes, debido a las fumigaciones contra los cultivos “ilícitos”, éstas fumigaciones, además de causar daño al medio ambiente, provocan enfermedades en el campesino e indígena y destruyen miles de hectáreas de cultivos. Todo lo anterior fomenta el poder de las multinacionales estadounidenses, las clases dominantes, la fuerza pública y el Estado.

Paramilitarismo-Capitalismo. Una alianza macabra.

Desde los inicios de la invasión y posterior saqueo de las grandes riquezas colombianas, por parte de las multinacionales extranjeras, se ha realizado una alianza entre las multinacionales, el ejército y los paramilitares. Si bien el paramilitarismo no tenía poder en las primeras décadas del siglo XX, el ejército y las multinacionales ya realizaban masacres contra la población y el proletariado. Son celebres las masacres contra los trabajadores de las bananeras y de la Standard Oil. Estos obreros realizaron huelgas y exigieron mejores condiciones de trabajo.

Hoy en día ocurre lo mismo, pero los protagonistas de las masacres han cambiado, pues ya no son los soldados del ejército, sino los paramilitares. En Colombia: “el costo de esta estrategia de control paramilitar en beneficio de las multinacionales bananeras es horrendo: entre 1997 y el 2003 se cometieron 62 masacres, se asesinó a 3.000 personas y se desplazó a 60.000 más”[26]. Ya no existe la United Fruit Company, pero existe la Chiquita Brands, multinacional bananera, que fue condenada en 2007 a pagar una multa de 1.7 millones de dólares por financiar las AUC. No obstante la Chiquita brands no es la única empresa multinacional que tiene nexos con paramilitares; existen denuncias contra Coca Cola, Drummond, DoleFood, Del monte, Oxy, Petrobras, Nestle, British Petroleum y Hyundai. Mediante masacres y amenazas a sindicatos y campesinos, el paramilitarismo le despeja el terreno a las multinacionales. “En los últimos 20 años han sido asesinados 3000 dirigentes sindicales, constituyéndose en el país del orbe más peligroso para ejercer cualquier actividad gremial, hasta el punto que de cada 10 sindicalistas asesinados en el mundo, 9 lo son en Colombia”[27]La evolución del paramilitarismo ha pasado por diferentes etapas[28], desde los sicarios conservadores de los 50´s hasta las Bacrim de hoy.

La tierra y el conflicto. Despojo, desplazamiento y asesinato del pueblo campesino.

“El modelo colombiano de enriquecimiento mediante el despojo violento, que se encuentra en la base misma del conflicto social y armado colombiano, consiste en el desplazamiento de los pequeños campesinos y las comunidades por parte de los latifundistas a la vez que se despejan territorios para abrir paso a las “locomotoras” del desarrollo, que como dice gráficamente el término, arrollan todo lo que queda en el camino de los intereses del gran capital”[29] De esta manera, los latifundistas se unen a los paramilitares para despejar la tierra, cometiendo grandes masacres. Actualmente los terratenientes (ganaderos, propietarios ausentistas, exportadores de grupos primarios, narcotraficantes y paramilitares) representan el 0.4 % de los propietarios (dueños del 61% de las tierras más productivas y las mejor situadas), y los pequeños propietarios (campesinos, minifundistas, colonos, indígenas, comunidades afrodescendientes) representan el 54 % de los propietarios (dueños de del 1.7 % de la tierra), como resultado de lo cual existen 8 millones de pobres rurales. El despojo de la tierra aumenta la desigualdad social, contribuyendo a la prolongación de la miseria y la pobreza del campesino, indígena y obrero.

Terrorismo de Estado.   

El terrorismo de Estado ha sido una constante a lo largo del siglo XX e inicios del siglo XXI. Fueron tristemente célebres el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948; el genocidio a la Unión Patriótica en los ochenta; el asesinato del estudiante Gonzalo Bravo Páez en 1929 en manos del estado y los militares; la represión y los asesinatos de los estudiantes de la Universidad Nacional en 1954; y recientemente los asesinatos de los líderes de las FARC, presentados como trofeos de guerra por la oligarquía colombiana.
En los últimos años se han hecho populares las ejecuciones extrajudiciales, llamados “falsos positivos”, realizados por el ejército colombiano en alianza con la policía nacional contra jóvenes de las clases oprimidas, que viven en la absoluta pobreza; en su mayoría los jóvenes víctimas de los “falsos positivos” viven en las periferias de las ciudades colombianas.                                                                                                                       Asimismo son más de 7.500 los presos políticos que permanecen privados de su libertad en las prisiones colombianas. Son “constantes las torturas, los malos tratos, las privaciones de toda clase, la interferencia a visitas y el traslado arbitrario de presos políticos” [30]

“El asesinato de dirigentes campesinos, de defensores de derechos humanos, de periodistas, de profesores, de estudiantes, de luchadores sociales ha sido y es la pauta típica del terrorismo de Estado hasta el día de hoy, sin que sus responsables, asociados en gran medida al capital privado, a las fuerzas armadas y a los terratenientes, sean condenados y antes por el contrario hoy sean vistos como prósperos empresarios o salvadores del país, que se pavonean orondos de sus crímenes, tanto en Colombia como en el exterior.”[31]

Mass media y conflicto. La manipulación de las masas.

Los medios de desinformación masiva, al servicio de las elites criollas, manipulan y embrutecen al pueblo para favorecer al gran capital. La oligarquía colombiana en alianza con el capital imperialista, especialmente el capital español, tienen el poder y el dominio de los medios de comunicación colombianos “y por eso en Colombia, dos canales de televisión privados, dos cadenas de radio y un periódico de circulación nacional dictaminan qué se dice se piensa en nuestra sociedad”[32]    
    

Claustros Universitarios. Otra víctima del conflicto.

Los claustros universitarios también han sentido y vivido  el conflicto armado perpetrado por las clases dominantes y el narco paramilitarismo, especialmente esos claustros donde se piensa críticamente. La Universidad Pedagógica Nacional, fue testigo de la desaparición y asesinato del profesor Darío Betancourt Echeverry en  1999. En este mismo año fue asesinado el economista Jesús Antonio Bejarano de la Universidad Nacional y el profesor Hernando Henao de la Universidad de Antioquía.

Reflexión final

En un país donde la miseria, la explotación al obrero, la represión al pueblo y la perpetuación de una burguesía sanguinaria, son el pan de cada día, el único anhelo que queda en el espíritu libertario es el de un país diferente. La burguesía mafiosa que gobierna el país junto a las multinacionales del imperialismo no dejaran que alguien que piense diferente llegue al poder. Se necesita un mundo donde no haiga conflicto armado, leyes, policía, ejércitos, políticos, corrupción, clases sociales, estado. Donde la libertad del individuo sea una realidad y no una utopía.
El paso para terminar defintivamente el conflicto armado colombiano, es la abolición del estado mismo y el logro completo de la libertad del individuo. Las guerrillas colombianas no negociaran con las clases dominantes que han logrado seguir un conflicto armado por más de 60 años y en el caso de llegar un gobierno de izquierda al poder, algo casi imposible, se perpetuara la violencia y la represión contra todo aquel que no acepte sus dogmas, como ha pasado en la revolución rusa o en la revolución española, donde los mismos comunistas asesinaron y torturaron anarquistas, campesinos y obreros.


[1] Sierra Mejía, Rubén - Gómez-Muller, Alfredo. La filosofía y la crisis colombiana. Bogotá. Universidad Nacional de Colombia. Sociedad Colombiana de Filosofía. 2002
[2] Ibíd. pág. 196. 
[3] Ibíd. pág. 187.
[4] Vivir separados/Vivir uno al lado del otro
[5] Vivir con el otro/Vivir junto a otro
[6] Ocampo López, Javier. Historia básica de Colombia. Plaza & Janes editores. 1994. Pág. 185. 
[7] Ibíd. pág. 187.
[8] Molano Bravo, Alfredo. El plan Colombia y el conflicto armado. Texto leído ante el parlamento europeo. Bruselas, Septiembre 12 de 2000.
[9] Vega Cantor, Renán. El trasfondo histórico del Tratado de Libre Comercio. Un breve repaso de las turbias relaciones entre la oligarquía colombiana y los Estados Unidos. www.rebelion.org. 2011. 
[10] Compañía perteneciente al trust de la Standard Oil Company del poderoso capitalista Rockefeller.
[11] Ocampo López, Javier. Op.cit. pág. 284.
[12] Vega Cantor, Renán. El pensamiento crítico en un mundo incierto. Texto leído en la ciudad de Caracas, el 7 de Agosto de 2008 en ocasión de la recepción del Premio Libertador al pensamiento crítico. www.herramienta.com.ar.
[13] (1946-1953) Periodo llamado de la “Violencia”.
[14] Gutiérrez D, José Antonio. Multinacionales, capitalismo y guerra sucia en Colombia. www.anarkismo.net. 2011.  
[15] Es necesario recordar, el llamado Plan lasso (Latin American Security Operation) contra los grupos de campesinos en la región de Marquetalia. De igual manera, no hay que olvidar,  la difusión por vía estadounidense de la ideología anticomunista; penetrada en la mentalidad del ejército colombiano desde la década de 1950, cuando militares colombianos fueron a Estados Unidos a adoctrinarse, en plena guerra con Corea.  
[16] Orlando Fals Borda divide el conflicto armado colombiano en dos etapas:                                                                                                                                                           Conflicto dirigido o “telético”: “Cuando el conflicto emplea la técnica de la violencia con miras a llegar a una meta racional, o cuando apela a un bien común superior, real o ficticio, para los grupos encontrados. Periodo comprendido entre 1930 y 1932 y entre 1948 y 1950.
Conflicto pleno o de aniquilación: Cuando el conflicto produce “una clase de conducta desviada y criminal”, basada en “disyuntivas teleológicas de grupo “que dan “la sensación de caos, crueldad, sevicia y de una completa descomposición social”. Periodo comprendido entre 1950 y 1953 y entre 1956 y 1958.
[17] Fals Borda, Orlando. Una sociología sentipensante para América Latina. Clacso. Siglo del Hombre editores. 2009. Página 149.
[18] Matta, Luis Alberto. Poder estatal, movimiento popular, y conflicto social-armado en Colombia. Un análisis desde la perspectiva de los derechos humanos. Exposición realizada en el foro universitario de la OISE-UT (Ontario Institute for Studies in Education of the University of Toronto). www.rebelion.org. 2003.
[19] Betancourt Echeverry, Darío. Los cinco focos de la mafia colombiana (1968-1988) Elementos para una historia. Revista Folios No. 2. Universidad Pedagógica Nacional. Junio de 1991. Páginas 13-30.   
[20] Molano Bravo, Alfredo. Op.cit.
[21] Betancourt Echeverry, Darío. Op.cit. 
[22] Ídem.
[23] Vega Cantor, Renán. Colombia: El pensamiento crítico en un mundo incierto. Op.cit.
[24] Ídem.
[25] Matta, Luis Alberto. O.p.cit.
[26] Gutiérrez D., José Antonio. Multinacionales, capitalismo y guerra sucia en Colombia. Op.cit.
[27] Vega Cantor, Renán. Op.cit.
[28] Etapas del paramilitarismo en Colombia:
    Años 50´s: pájaros; años 80´s: sicarios; años 90´s: autodefensas: años 2000: Bacrim.   
[29] Gutiérrez D., José Antonio. Se desvanece la ilusión santista: guerra sucia y militar. Op.cit.
[30] Ídem.
[31] Vega Cantor, Renán. Colombia: El pensamiento crítico en un mundo incierto. Op.cit.
[32] Ídem.